22 de septiembre de 2026
La inteligencia artificial está transformando nuestra manera de trabajar, aprender, relacionarnos y buscar información. Sin embargo, uno de sus usos más interesantes desde el punto de vista psicológico es también uno de los que plantea mayores interrogantes: su utilización como fuente de apoyo emocional. Cada vez es más habitual recurrir a un asistente de inteligencia artificial para consultar dudas sobre una relación de pareja, intentar comprender un conflicto familiar, expresar preocupaciones personales o buscar explicaciones a determinadas emociones. La posibilidad de recibir una respuesta inmediata, a cualquier hora y sin necesidad de exponernos directamente ante otra persona puede resultar especialmente atractiva cuando atravesamos momentos de incertidumbre, soledad o malestar psicológico. Pero ¿qué ocurre cuando empezamos a utilizar estas herramientas no solo para obtener información, sino también para interpretar nuestra realidad emocional? Sentirse comprendido no siempre significa estar comprendiendo mejor lo que nos sucede Uno de los aspectos que debemos tener en cuenta es la tendencia de algunos sistemas de inteligencia artificial a ofrecer respuestas excesivamente complacientes. Cuando una persona explica una situación emocionalmente significativa, el sistema puede generar una respuesta que valide sus sentimientos y refuerce su interpretación de los acontecimientos. La validación emocional es importante. Reconocer que una emoción existe, comprender que tiene sentido dentro de un determinado contexto y permitirnos experimentarla sin juzgarla puede contribuir a nuestro bienestar psicológico. Sin embargo, validar una emoción no implica necesariamente confirmar que nuestra interpretación de los hechos sea correcta. Podemos sentirnos profundamente heridos por el comportamiento de otra persona y, al mismo tiempo, estar interpretando de manera incompleta sus intenciones. Podemos experimentar ansiedad ante una situación sin que exista necesariamente el peligro que anticipamos. También podemos sentirnos rechazados sin que la conducta de la otra persona constituya, por sí misma, un rechazo. Las emociones son experiencias reales, pero las explicaciones que construimos sobre sus causas pueden ser parciales o equivocadas. Por eso, una respuesta que confirma sistemáticamente nuestras interpretaciones puede proporcionarnos alivio inmediato sin ayudarnos necesariamente a comprender mejor lo ocurrido. El riesgo de buscar constantemente confirmación Imaginemos que una persona atraviesa un conflicto de pareja y utiliza repetidamente la inteligencia artificial para analizar los mensajes que intercambia con la otra persona. Si cada consulta se plantea desde una interpretación concreta y el sistema responde reforzándola, podría contribuir a que esa persona se aferre progresivamente a una única explicación de lo sucedido. En determinadas circunstancias, este tipo de interacción puede favorecer la búsqueda reiterada de confirmación y dificultar la consideración de perspectivas alternativas. No significa que utilizar inteligencia artificial para reflexionar sobre nuestras relaciones produzca necesariamente estos efectos. El resultado dependerá de múltiples factores, entre ellos la vulnerabilidad individual, el funcionamiento del sistema, la frecuencia de uso y la manera en que se formulen las consultas. La cuestión fundamental es aprender a distinguir entre utilizar una herramienta para ampliar nuestra perspectiva y utilizarla exclusivamente para confirmar nuestras creencias. ¿Puede la inteligencia artificial sustituir a un psicólogo? La respuesta requiere diferenciar entre el apoyo que puede proporcionar una herramienta digital y lo que constituye una intervención psicológica profesional. La psicoterapia no consiste únicamente en escuchar, ofrecer consejos o proporcionar respuestas emocionalmente reconfortantes. Una intervención psicológica requiere comprender el problema dentro de la historia personal de quien consulta, evaluar los factores que contribuyen a su aparición y mantenimiento, formular hipótesis clínicas y establecer objetivos terapéuticos individualizados. También implica identificar posibles situaciones de riesgo, seleccionar procedimientos adecuados y revisar los resultados de la intervención. En ocasiones, el trabajo terapéutico requiere explorar interpretaciones alternativas, cuestionar determinadas creencias, abordar conductas de evitación o aprender a tolerar emociones que inicialmente resultan desagradables. El objetivo no es que la persona se sienta mejor después de cada conversación, sino favorecer cambios que contribuyan a mejorar su funcionamiento y bienestar a medio y largo plazo. Aunque algunas herramientas digitales desarrolladas específicamente para la salud mental han mostrado resultados prometedores en determinados contextos, los asistentes conversacionales de uso general no cuentan con evidencia suficiente para considerarse sustitutos de una intervención psicológica profesional. ¿Cómo podemos utilizar la inteligencia artificial de una manera más saludable? No se trata de rechazar la tecnología, sino de desarrollar una relación crítica y consciente con ella. La inteligencia artificial puede resultar útil para organizar ideas, preparar preguntas antes de una consulta psicológica, acceder a información general sobre salud mental o explorar distintas perspectivas sobre una situación. Sin embargo, conviene prestar atención a cómo influye su utilización en nuestra conducta cotidiana. Si necesitamos consultarla repetidamente antes de tomar cualquier decisión, si recurrimos a ella de forma constante para aliviar la incertidumbre o si empezamos a sustituir nuestras relaciones personales por conversaciones con un sistema artificial, puede ser conveniente revisar qué función está cumpliendo en nuestra vida. También debemos tener presente la privacidad de la información que compartimos, especialmente cuando se trata de datos personales, experiencias íntimas o información relacionada con nuestra salud. Una herramienta puede ayudarnos a reflexionar, pero no debería convertirse en la única referencia desde la que interpretamos nuestra realidad. La importancia de conservar nuestro propio criterio La aparición de nuevas tecnologías plantea oportunidades interesantes para la psicología, pero también nos obliga a reflexionar sobre la manera en que buscamos apoyo, tomamos decisiones y construimos nuestras interpretaciones. No todas las respuestas que nos proporcionan alivio son necesariamente beneficiosas a largo plazo. Del mismo modo, no todas las respuestas que nos incomodan son perjudiciales. En ocasiones, comprender mejor lo que nos sucede implica aceptar la incertidumbre, considerar explicaciones diferentes a las nuestras y reconocer aspectos que inicialmente preferiríamos no cuestionar. La inteligencia artificial puede acompañarnos en algunos de estos procesos como herramienta complementaria. Pero desarrollar autonomía emocional también implica aprender a pensar por nosotros mismos, contrastar la información que recibimos y reconocer cuándo necesitamos apoyo humano o atención psicológica profesional. La finalidad no debería ser encontrar una respuesta que siempre nos dé la razón, sino desarrollar los recursos necesarios para comprender mejor nuestra experiencia y tomar decisiones de manera más consciente. Raquel Íñigo Román Psicóloga General Sanitaria e Infantojuvenil N.º de colegiada: CA01269 Atención psicológica presencial en Cantabria y online.