Cuando pedir ayuda se convierte en evitarla
Cuando pedir ayuda se convierte en evitarla
Hay pacientes que llaman, solicitan una cita, la cambian. Vuelven a pedir otra, la aplazan. La reprograman de nuevo. Y, cuando por fin llega el día, no acuden.
A veces este patrón se repite durante meses. En ocasiones, durante más de un año.
Desde fuera puede interpretarse como falta de interés, desorganización o escasa motivación. Sin embargo, en muchos casos ocurre algo más complejo: la propia dificultad que lleva a la persona a buscar ayuda es también la que le impide recibirla.
El miedo al cambio, la evitación, la vergüenza, la ansiedad anticipatoria o el temor a enfrentarse a determinadas emociones pueden convertirse en obstáculos más potentes que el propio deseo de mejorar.
Esto no significa que los profesionales debamos normalizar las ausencias repetidas o asumir sin límites las consecuencias organizativas que generan. La terapia requiere compromiso por ambas partes.
Pero sí nos recuerda algo importante: pedir ayuda y estar preparado para recibirla no siempre suceden al mismo tiempo.
A veces, el primer trabajo terapéutico comienza mucho antes de que el paciente llegue a sentarse en la consulta.












